4. La Caída del Telón
Me desperté de madrugada, cuando aún no habían terminado los festejos. Tardé unos minutos en despejar mi mente, tratando de poner un orden lógico entre mis recuerdos y pensamientos. Todavía en la penumbra, alargué un brazo intentando hallar algo que no lograba alcanzar.
Ageha no estaba
Aún se notaba la calidez del lecho, que demostraba que no hacía mucho, había estado a mi lado. Creo que eso llegó a reconfortarme, como un bálsamo que cubría mi cuerpo, como una manta que me abrigaba, acurrucada sobre mí misma. Me hubiera quedado así toda la noche, de no ser por el curso de los acontecimientos acaecidos entonces.
Pero ni Ageha ni yo imaginábamos cuál sería el rumbo que tomaría nuestro camino. Aunque eso no nos importó más que a nosotras y pocas personas más. Al fin y al cabo, apenas éramos un par de gotas de lluvia en mitad de una fuerte tormenta de verano.
Poco después de despertarme, se escucharen gritos alrededor de la aldea, que se expandían y repetían incesantemente. Asustada, me vestí apresuradamente, dispuesta a salir corriendo. El inconfundible olor se extendió por toda la estancia.
Fuego
Me apresuré a salir de la mansión, y me adentré en la aldea para descubrir el origen del pánico de la gente, aunque era de suponer: un incendio se había propagado por toda la aldea. Podía haber achacado el desastre al hecho de que es muy habitual que ocurran accidentes como este en festivales en los que se usan fuegos artificiales. Pero sabía que aquello no había sido un accidente. Estaba completamente segura de que el incendio había sido provocado.
No tenía forma de demostrarlo, pero tras el relato de Ageha, tenía motivos más que suficientes como para sospechar de una ofensiva por parte de los enemigos de su familia. No había tiempo que perder, tenía que encontrarla, dondequiera que estuviese.
La respuesta no tardó demasiado en llegar. Casi respondiendo a mis deseos, pude escuchar una voz conocida, cuyo tono desgarrado por la emoción y el desasosiego me conmovió y me preocupó al mismo tiempo:
─¡¡¡¡Yuuuuuukkiiiiiiiii!!!!
Aunque distorsionada por el eco, la voz de Ageha era inconfundible.
Cerré los ojos, concentrándome en el timbre que la distinguía dentro del estruendo de gritos y lamentos. Sin tan siquiera vacilar, mis pasos se dirigían inexorablemente hacia ella. A ojos de un espectador ajeno, la escena hubiera sido muy curiosa: cientos de personas que corrían a trompicones intentando extinguir el incendio, mientras yo caminaba con los ojos cerrados hasta un punto desconocido. Pero eso lo pensé después; francamente, no le di ninguna importancia.
Cuando dejé de oír su llamada, abrí los ojos, y observé que mi recorrido me había llevado de vuelta a la mansión. Ahora que lo recuerdo todo con claridad meridiana, reconozco que me sentí desconcertada cuando vi que estaba de regreso. ¿No se supone que Ageha debería haber estado ayudando a los aldeanos a mantener la calma y extinguir el incendio? O en el peor de los casos, ¿no debería estar preparando la evacuación? Naturalmente, la respuesta era que había regresado al hogar para buscarme.
Pero como ya he dicho, esto lo comprendo ahora que ya ha pasado todo. Yo apenas pude discernir lo que ocurría alrededor. En ese momento, no tuve posibilidad. Cuando me quise dar cuenta, había algo extraño en mi vientre.
Aunque ha pasado mucho tiempo, jamás podré olvidar aquella sensación. Jamás podré encontrar las palabras adecuadas para describirlo. Era duro como una roca, y frío, implacablemente frío. Toda mi energía se concentraba en ese punto, para escaparse lentamente. Entonces, sentí un escalofrío, y el vello de mi cuerpo se erizó. Fuera lo que fuera, comenzó a helarme desde lo más profundo de mis entrañas, hasta extenderse por el último rincón de mi ser. También recuerdo que en mi vientre parecía haberse desatado una inundación, como si miles de ríos se hubieran desbordado y amenazaban con ahogarme.
Me sentí débil, muy débil. Tuve la certeza de que, fuera lo que fuera, no podía luchar contra aquello. Baje la mirada, con una extraña mezcla de angustia y resignación.
Una katana atravesaba mi vientre. En el kimono, una mancha en forma de mariposa se extendía lenta, pero incesantemente. La sangre no dejaba de manar, tiñendo la tela de un vivo color rojo. Violentamente, retiraron el arma de mi cuerpo, y terminé por desplomarme en el suelo.
Reconocí sus rostros vagamente. Recordaba haber visto a mi padre hablar con ellos, cuando comenzaron las súplicas y las negociaciones. Quizá formaran parte del grupo que nos persiguió aquella noche en la mi vida cambió por completo.
<<Lo siento, madre. No he podido cumplir tu deseo>>
Bastó ese pensamiento para que los ojos se me humedecieran hasta llegar al borde de las lágrimas. Hacía unos meses, había logrado escapar de una muerte segura, arrancada de los brazos de mi familia. Había logrado tener una vida pacífica, podría llegar a decir que fui feliz. Para después perderlo todo en unos instantes.
Un silbido rasgó el aire, al que le siguieron cuatro sonidos sordos. Uno de los hombres, cayó aparatosamente, profiriendo gritos de intenso dolor. Con un hilo de voz pronuncié su nombre:
─A
Ageha
Su porte no era el de siempre. Sólo la había visto con aquella expresión en la mirada una sola vez. No era aquella chica alegre de mirada juguetona que me dedicaba sus sonrisas. Su imagen era amenazadora, salvaje, llena de ferocidad. Era el brillo de la venganza el que iluminaba el aleteo de las alas de mariposa.
─Te he cortado los tendones de muñecas y tobillos. Dudo que vuelvas a ser capaz de sostener un arma
si es que puedes volver a tenerte en pie─ añadió con una cruel sonrisa.
Tras pronunciar estas palabras, le clavó la espada en el pecho de su enemigo caído. Su compañero realizó un giro rápido en el que desenvainó su katana y trató de atacar a Ageha, pero esta lo repelió con un movimiento certero. Ambos se alejaron unos pasos. Era evidente que la intervención de mi amiga lo había sorprendido, pero ahora ya estaba sobre aviso. Ella no desvió la mirada ni un milímetro. Yo les observaba atentamente, sabiendo que la hemorragia no se cerraba.
─Llevo esperando este momento desde que me enteré de la muerte de Harumi. Puede que ni siquiera la recuerdes, pero eso me da igual. Esto es por lo que le habéis hecho a la gente que me más me importaba. No pienso dejarte escapar.
Ageha comenzó con una embestida una vez hubo terminado su amenaza. El hombre se apartó cubriéndose con su arma. La batalla había comenzado.
Descubrí con horror que a pesar de que tenía conocimientos de esgrima, la inexperiencia jugaba en su contra. Ageha nunca había luchado en una pelea real hasta ese momento. Sus movimientos resultaban muy básicos, y le permitían defenderse con cierta eficacia, pero su oponente esquivaba sus ataques con una facilidad que resultaba insultante. El pesimismo me inundó. Deseé con todas mis fuerzas que saliera bien parada del combate.
Ageha intentó ejecutar una finta, con tan mala fortuna, que sus pies trastabillaron y perdió el equilibrio el tiempo suficiente como para que su rival le produjera un corte profundo desde el hombro derecho hasta el costado izquierdo.
─¡¡¡¡¡Ageha!!!!!─grité, con tanta fuerza que mis pulmones se resintieron, y empecé a toser con fuerza.
El golpe la hizo caer con una rodilla hincada al suelo. Yo la contemplaba mientras el terror se apoderaba de mí. Tardaba demasiado en ponerse en pie. Su combatiente no quiso desaprovechar la oportunidad brindada, y preparo una estocada final. Cuando apenas unos centímetros les separaban, Ageha se levantó enérgicamente, y sosteniendo la katana verticalmente, le atravesó la garganta con ella.
Se desembarazó del cuerpo de su oponente con un fuerte empujón. Acto seguido, corrió hacia mi lado y me retuvo en sus brazos. Me colocó una mano sobre mi vientre:
─No te preocupes, Yuki. Todo saldrá bien, te lo prometo. Saldremos de esta. ─ Su voz parecía a punto de quebrarse. Alcé un brazo y le acaricié la mejilla.
─No eres buena mentirosa. Pero ahora da igual. Gracias. Gracias por todo.
Recorrí la herida de Ageha con las yemas de los dedos. A ella tampoco le quedaba mucho tiempo.
─Yo quiero creerlo. Nos encontrarán, cerrarán nuestras heridas, y nos salvaremos. Podremos volver a ver las mariposas el año que viene.
─Eso estaría bien─ sonreí débilmente.
Repentinamente, el ruido inequívoco de cascos de los caballos interrumpió nuestra conversación. La luz del amanecer nos permitió divisar una figuras a lo lejos. La voz de Aki resonó por toda la aldea, cuando anunció de forma solemne:
─El enemigo ha caído. Nuestras tierras pueden gritar con orgullo que son libres. ¡Victoria!
Miles de voces corearon sus palabras. Parecía que el incendio ya había terminado. Con suerte, la gente podría celebrar haber salido bien parados de aquella noche fatídica. Para muchos, el pánico de aquella madrugada sería recordado como un pequeño susto, como la tormenta que precede a la calma. Pero nosotras no podíamos decir lo mismo.
─¿Ves? Aki se encargará de nosotras. Podremos vivir juntas, podremos hacer tantas cosas─ trató de convencerse.
─A
Age
Ageha─ pronuncié temblorosa.
─Dime.
─Adiós. Me alegro mucho de haberte conocido.
Por segunda vez la vi llorar. Por segunda y última vez. Se abalanzó sobre mí, y me besó descargando toda su impotencia y desesperación. Yo me encontré muy tranquila. Podría decirse que mortalmente tranquila.
─Ni se te ocurra abandonarme.
Cuando Aki regresó a la mansión, ya era demasiado tarde. Ageha y yo yacíamos muertas en un dulce y melancólico abrazo. A pesar de estar en pleno verano, comenzó a nevar suavemente. La gente se mostró confundida ante aquel insólito fenómeno. Las mariposas que nos habían visitado de noche, aletearon alrededor nuestro, entonando un singular réquiem en nuestro honor.
Nos enterraron juntas en el jardín de la mansión. Aki plantó un cerezo en el que cada año, en nuestro aniversario de muerte, nos hacía una hermosa ofrenda. Ese día era el único día del año en que el árbol florecía. Pero esa no era la única peculiaridad del jardín. Pues, la misma noche de la ofrenda, una leve nevada caía sobre la aldea, mientras un grupo de mariposas carmesíes cruzaba el río, como una fúnebre procesión.
















Comments
Haz la pelea entre Hajime e Ichiru, tiene que molar.
quiero tu mente xD.
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